Comercio local
Delicatessen Antonio
Una tienda de barrio que recibe encargos hablando. El asistente reconoce productos al vuelo, recuerda el pedido habitual de cada cliente y avisa al mostrador cuando toca prepararlo.
El reto
Un comercio de barrio con clientela fiel y un teléfono que no para. Los encargos se anotaban en papel y se perdían en hora punta.
La solución
Sustituimos el formulario por la voz. El cliente dicta lo que quiere como se lo diría al dependiente, y el asistente lo traduce a un pedido estructurado: interpreta cantidades imprecisas, reconoce productos por su nombre de toda la vida y guarda el histórico para que "lo de siempre" sea un solo toque.
Qué se llevó el cliente
Pedidos recogidos sin descolgar el teléfono, cero encargos perdidos y un ticket medio más alto gracias a las sugerencias del asistente.



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